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Lola Pérez Martín, Pedro Melián de la Rosa, Diego González García, Miguel Ángel Curbelo Guanche y Juan José Hernández Castro, analizan la situación.
No se trata de una reforma profunda y duradera del mercado laboral, se trata de una reforma transitoria que no se anticipa a la recuperación económica”, afirma Lola Pérez Martínez, directora del Departamento de Desarrollo de Desarrollo Empresarial de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, en el transcurso de un encuentro entre profesionales tinerfeños de la economía convocados por Foro de las Corporaciones, para analizar la situación del mercado laboral y los últimos acontecimientos tras la reforma aprobada esta semana por el Gobierno.
“La mayoría de las bonificaciones -prosigue- están referenciadas a un límite temporal que mayoritariamente se sitúa en el 31 de diciembre de 2010, y algunos cambios y actuaciones se demoran en su aplicación hasta el año 2012 e incluso el 2014. Pero es que, además, muchos aspectos de la reforma están sujetos a posteriores desarrollos reglamentarios y a interpretaciones difícilmente objetivables sobre las condiciones a acreditar por la empresa y a defender por parte del trabajador. Esto genera una mayor inseguridad y complejidad sobre la regulación actual”.
En su opinión, “no se ataca decisivamente la segmentación y la dualidad del mercado laboral. A raíz de este decreto el mercado de trabajo se parcela en tres grandes tipologías de contratos: los temporales, los de fomento a la contratación indefinida y los indefinidos, con clara vocación a desaparecer en el tiempo. Es más un acercamiento de la actual dualidad. Quizás hubiera sido más efectivo una propuesta de contrato único con una indemnización por despido progresiva con el tiempo”.
“No se evita -advierte- la rotación excesiva de los trabajadores. Algunas bonificaciones pueden fomentar el despido una vez que la empresa satisface los requisitos para cobrar la bonificación. Se deberían favorecer más los contratos estables para la población joven con cualificación elevada a los que se les puede despedir fácilmente, frente a las dificultades de despido de trabajadores antiguos a veces menos preparados”.
Dijo, asimismo, que “no se mejora ni fomenta la contratación a tiempo parcial estable, fórmula adecuada para determinado tipo de actividades e interesante para conciliar la vida laboral y familiar. La reforma debería acercarse más a la realidad de nuestro tejido productivo, conformado mayoritariamente por autónomos y ‘nanopymes’ que en la mayoría de los casos no entienden y ven alejada a su realidad diaria esta cada vez más compleja regulación laboral”.
“Hay que actuar -sopesa- no sólo en el coste para el empresario cuando finaliza la relación laborar con el trabajador, sino en el aminoramiento de los costes permanentes que asume el empresario al contratar a un trabajador lo que redundaría en un estímulo a la empleabilidad, un aminoramiento de la economía sumergida y una mayor competitividad de nuestras empresas. Es necesario buscar fórmulas de estímulo para las empresas y de seguridad para los trabajadores que hagan aflorar las actividades albergadas en la economía sumergida”.
Por último, Lola Pérez Martínez puntualizó que “se ha perdid ola oportunidad de conseguir una reforma del mercado de trabajo más cualitativa que aborde los verdaderos problemas estructurales de fondo que tiene nuestro mercado de trabajo”.
Por su parte, Pedro Melián de la Rosa, presidente de la Comisión de Estudios del Colegio Oficialde Titulados Mercantiles y Empresariales (COTIME), dijo que “si de lo que se trata es de conseguir una flexibilidad en el mercado laboral para poder crear empleo, siempre y cuando que se produzca la reactivación económica, estamos trabajando sobre una normativa laboral que fue creada en el régimen anterior y que se ha mantenido en el tiempo con un proteccionismo a los trabajadores, que entonces tuvo su sentido cuando la economía mutaba de una manera muy lenta en comparación a la evolución del mundo empresarial de hoy en día”.
“Muchos trabajadores siguen con esa mentalidad (“ya entré”, “ya me hice fijo”, “ya pasaron los contratos laborales” y “aquí me acomodo”, “no me formo más”, “ya no me preocupo”) y la empresa se encuentra con que tiene que cambiar, pero tiene detrás a esa rémora de plantilla fija, la cual tampoco puede modificar porque los sistemas de protección actuales, y entre ellos los sindicatos también se han anquilosado, evita que puedan adaptarsus plantillas e impide que los trabajadores, a través de formación continua, vayan adaptándose a los nuevos tiempos”.
“Eso requiere -enfatiza- un cambio de mentalidad absoluta. Hay que romper con el pasado y hay que cambiar las reglas de juego. No podemos seguir con un sistema laboral que está pensado para una época de crecimiento permanente. Se van consolidando derechos laborales como si la economía estuviera creciendo y cuando la economía se para, decrece o entra en crisis, como sucede ahora, resulta que esos derechos son tan rígidos como inamovibles”.
Diego González García, miembro del Instituto de Censores Jurados de Cuentas, se refirió, entre otros aspectos, al absentismo laboral. “Es un tema bastante grave, bajas prolongadas y en el sector público más todavía. Ha habido casos de personas de baja que las han encontrado en la playa… pero los políticos no quieren comprometerse con los funcionarios, porque ellos están de paso y no les van a meter mano. Es un tema de concienciación social, de empezar desde la escuela y, a la clase médica, que se mojen un poco más”.
Aludió, asimismo, a los empresarios emprendedores y criticó sin contemplaciones a la banca: “No dan un duro. Ellos tienen ideas maravillosas, pero los bancos no abren la mano y no hay manera de avanzar”. Se mostró a favor de un sistema de retribución en el que se prime la productividad, pues “eso ayudaría a cambiar el sistema como de la noche al día”.
Se mostró partidario, sin abusos y controlado, de los contratos de tipo parcial. “Eso hay que incentivarlo, pues en otros países ha tenido un gran éxito. Pero tenemos una mentalidad que en estos casos nos hace parecer no progresistas. Lo que hay que perseguir es la picaresca…”. Reclamó, por último, “más patriotismo y pensar en el bien de la nación”.
“Mientras no haya una garantía de seguridad jurídica tanto para la empresa como para el trabajador, no se van a sentar las bases para traer inversiones y modernizar la economía española”, afirma Miguel Ángel Curbelo Guanche, asimismo miembro del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España. “No veo una voluntad de cambio real. La situación de las empresas y de las entidades financieras es muy mala. Si la reforma laboral está pensada sólo para tapar la boca a las exigencias que nos pide Europa, tenemos los días contados”.
“Seguimos en la oscuridad. Los agentes sociales no han asumido la responsabilidad que tienen de cara a la situación del país. Han estado sesteando propuestas dos años y medio y no han propuesto nada de cara al futuro. No han pensado en el futuro de nuestros hijos, sino exclusivamente en su comodidad y en su poltrona. Cada cual a lo suyo. Esta situación no es sostenible. No hay crédito a las empresas, por lo tanto el que tiene iniciativa no va a conseguir financiación, no hay innovación, no hay investigación, no hay estímulo, y en Canarias vivimos de una economía subvencionada, en la que no se valoran los proyectos en función de su rentabilidad y de su garantía futura, se falsea la información real”.
Por último, Juan José Hernández Castro, secretario técnico del Colegio de Economistas, reflejó que “estamos viviendo un momento histórico en el que nos toca aportar soluciones como profesionales. No somos sospechosos a la hora de opinar sobre un problema como el que estamos padeciendo. Esta crisis es global y cuando los vientos racheados llegan a Canarias, quizás se agitan más que en otros lugares”.
“Estructuralmente, el mercado laboral es un problema en España. Y ahora toca, no introducir reformas o mejoras, sino crear un nuevo marco laboral adecuado, en el que hay que priorizar, contemporizar, ver la situación en que estamos, ver el tiempo que tenemos y hacer lo que podamos para poder salir de la situación, que es grave”.
“Que se escuche a los profesionales, que tenemos mucho que aportar en este juego. A los sindicatosy patronal hay que decirles que si han tenido dos años de negociación y no han salido ningún acuerdo, es sintomático de que el ciclo está cerrado. El concepto de dificultad que tiene el empresario no es el mismo que tiene el trabajador representado por el sindicato, y mucho me temo que lo que ha pasado en este tiempo es un diálogo para besugo. Y desde el ámbito político no se ha cogido la sartén por el mango, pues es de donde se podía haber hecho para cambiar las reglas”, concluyó.
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